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Antes de hablar sobre el sensor o el tablero, debe aclarar su objetivo. Muchos proyectos parten de una simple solicitud («medir la ocupación»), pero en realidad abarcan tres conceptos diferentes.
La asistencia corresponde al volumen de vehículos que entran (o salen) durante un período de tiempo. La ocupación, por otro lado, describe el nivel de ocupación, es decir, la presencia de vehículos en un momento determinado o por franja horaria. Por último, la rotación expresa el número de veces que se utiliza un espacio durante un período de tiempo: suele ser el indicador más interesante en el centro de la ciudad o en un aparcamiento con una alta rotación.
En la mayoría de los aparcamientos «abiertos» (sin un sistema de estacionamiento automatizado), la ocupación se mide de manera sólida mediante un método sencillo: contar las entradas y las salidas y, a continuación, reconstruir un indicador de presencia a lo largo del tiempo. Esto supone un recuento capaz de distinguir la dirección del paso y datos con fecha y hora lo suficientemente precisos como para ver las variaciones del día.
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El método correcto es asegurar primero la calidad de la señal y luego producir indicadores legibles.
Empieza por definir tu perímetro real. ¿Su aparcamiento tiene una única entrada/salida, dos accesos principales o entradas secundarias (residentes, entregas, puntos de entrega, acceso técnico)? Este paso es decisivo: si no captas los accesos que concentran la mayoría de los pasajes, no medirás la ocupación, sino una tendencia parcial.
A continuación, elija una estrategia de instrumentación. El caso ideal es un punto de cruce con «cuello de botella» natural, por el que pasen todos los vehículos. En este caso, puede bastar con un punto de conteo bien colocado. Si tiene dos accesos que se utilizan realmente, generalmente necesitará dos puntos. Si el aparcamiento es muy permeable, con varias aberturas que son difíciles de canalizar, la ocupación exacta se complica: puedes multiplicar los puntos de medición o dar por sentado que el uso es «tendencial» (comparaciones, picos, antes y después), pero esto debe constar claramente en tu informe.
Una vez controlados los accesos, el objetivo es obtener las entradas y salidas por intervalo de tiempo (hora, media hora, cuarto de hora según la necesidad). Esto permite reconstituir un indicador de presencia de forma progresiva: en cada segmento, se añaden las entradas y se eliminan las salidas. En un tablero, este indicador se convierte en la «ocupación estimada» y permite identificar los períodos de tensión.

Último paso: se compara el indicador estimado con una capacidad de referencia. La capacidad puede ser la capacidad oficial del aparcamiento o una «capacidad útil» definida por la operación (por ejemplo, el umbral en el que las colas se vuelven problemáticas o el tráfico interno se deteriora).
Un buen monitoreo del estacionamiento es más que «lleno/no lleno». Debería permitir decidir.
El primer indicador útil es el perfil del horario: cómo se llena y se vacía el aparcamiento en un día normal. Esto resalta las horas punta, los períodos de menor actividad y los días atípicos. A partir de ahí, puedes seguir los picos de ocupación (el máximo del día), pero también los períodos de saturación, es decir, el tiempo durante el cual el aparcamiento permanece por encima de un umbral crítico.

Luego vienen los indicadores de comparación: días laborables frente a fines de semana, períodos escolares frente a vacaciones, temporada baja frente a temporada alta. Son estas comparaciones las que permiten objetivar una decisión, por ejemplo, el interés de una P+R, el efecto de una nueva oferta de transporte o el impacto de un cambio de precio.
Por último, si su desafío es el centro de la ciudad o los negocios, la rotación pasa a ser fundamental. Un aparcamiento «lleno» no es necesariamente un aparcamiento «eficiente»: un aparcamiento lleno y con baja rotación puede indicar que el aparcamiento es de larga duración y penaliza el acceso. Por el contrario, una tasa media de ocupación moderada puede ser perfectamente satisfactoria si la rotación es buena y si el uso corresponde al objetivo.
Verdilo es relevante para el tema del estacionamiento en un escenario específico: medir las entradas y salidas en uno o más puntos de acceso y, a continuación, explotar los datos en una plataforma. La capacidad de distinguir la dirección del paso es una condición clave para calcular la ocupación estimada en función de las entradas y salidas.
Para obtener un resultado fiable, el punto de cruce debe estar lo más «limpio» posible. Lo ideal es que los vehículos pasen por un corredor natural (puerta, barrera, camino de acceso) o por un pasaje canalizado. Cuanto más grande es el sitio, más dispersas están las trayectorias y más aumenta el riesgo de imprecisión. Otro punto importante es la estabilidad de las condiciones de detección: se evitan en la medida de lo posible las áreas donde los vehículos se detienen durante mucho tiempo, realizan maniobras complejas o se cruzan en grupos. No es «grave» si esto ocurre de vez en cuando, pero si se trata del funcionamiento nominal del sitio, la medición se vuelve menos fiable.
Desde el punto de vista operativo, debe elegir una frecuencia de retroalimentación de datos adaptada a su uso. Para un aparcamiento «controlado» (gestión del tráfico, tensión estacional, complejo turístico), es importante utilizar un ascensor más regular. En el caso de un aparcamiento tipo «observatorio» (diagnóstico, estudio, evaluación), puede bastar con un ascensor menos frecuente. Lo principal es alinear la configuración con la necesidad, ya que la frecuencia de transmisión afecta a la autonomía.
El error más común es querer medir la ocupación con precisión sin instrumentalizar los accesos realmente utilizados. Si solo captas una entrada de cada tres, estás creando un indicador que puede ser útil para determinar las tendencias, pero que no debe interpretarse como un indicador fiable. En este caso, se añaden puntos de medición o se reformula el objetivo y se documenta claramente el perímetro.
El segundo error es no distinguir entre entradas y salidas. Sin significado, no se puede armar un indicador de presencia. En un aparcamiento, es un requisito metodológico, no una opción.
Tercer error: instalar en un punto donde el flujo no sea uniforme. Si el acceso es una zona en la que hay giros en U, desniveles, paradas prolongadas o cruces permanentes, a menudo es preferible mover el punto de medición unos metros río arriba/río abajo para encontrar un pasaje más sencillo.
Por último, un error común es pedir «tiempo real» sin definir el uso. La pregunta que hay que responder es sencilla: ¿quieres conducir durante el día o quieres analizarla a posteriori? La configuración debe seguir esta intención.
Una vez que se instrumentalizan los accesos y se calcula el indicador estimado, los datos pasan a ser procesables. Puede identificar las horas punta y adaptar la información de los usuarios, la señalización e incluso la gestión de los desbordamientos. Puedes comparar los períodos para objetivar el efecto de un cambio (obras, precios, creación de un carril bici, nuevo servicio de transporte). Además, puede elaborar informes claros para los funcionarios electos, los directivos o los socios, con indicadores sencillos: el perfil horario, los picos, los días típicos, los períodos de saturación, el antes y el después.
La ocupación se controla desde entradas y salidas fiables, leídas por franjas horarias. Para reconstituir un indicador de presencia, es necesario distinguir el significado (entradas frente a salidas) e instrumentar los accesos realmente utilizados. Por último, la calidad depende más del terreno y de la postura que del «material»: flujo de fluido, ubicación bien elegida y condiciones de detección estables.
Descubra cómo Kiomda mide la presencia en sitios naturales y qué configuraciones se adaptan mejor a sus desafíos (flujo, dirección del recuento, restricciones del terreno).
Descubra cómo Kiomda mide la asistencia a los eventos y qué configuraciones se adaptan mejor a sus desafíos (flujo, dirección del recuento, restricciones de campo).