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Medir el número de visitantes a los espacios públicos, parques naturales o sitios de eventos se ha convertido en un tema estratégico para muchas autoridades locales y administradores de tierras. Conocer el número de transeúntes, visitantes o ciclistas permite justificar las inversiones, evaluar el impacto de una urbanización, optimizar la gestión de los flujos o crear un expediente de solicitud de subvención.
Dos familias de tecnologías compiten con mayor frecuencia durante las licitaciones o los arbitrajes presupuestarios:
La confusión entre estos dos enfoques es común, en parte porque la palabra «térmica» abarca realidades muy diferentes: una cámara térmica produce una imagen infrarroja de un individuo, mientras que un sensor térmico estereoscópico detecta una variación de calor en un campo de visión sin producir nunca una imagen. Esta distinción es fundamental, tanto desde el punto de vista técnico como jurídico.
Los sistemas de recuento de cámaras se basan en el análisis de una transmisión de vídeo o imágenes. Ya se trate de cámaras convencionales combinadas con un algoritmo de detección de siluetas, de cámaras térmicas que producen imágenes infrarrojas o de soluciones de visión artificial, el principio es el mismo: se captura un flujo visual y, a continuación, se procesa para extraer los datos de recuento.
Según su nivel de sofisticación, estos sistemas pueden distinguir categorías de usuarios (peatones, ciclistas, paseantes), analizar comportamientos, medir los tiempos de residencia o generar mapas de calor. Ofrecen una mayor densidad de información y pueden satisfacer las necesidades de análisis detallados, especialmente en contextos comerciales o de seguridad.
La otra cara de la moneda: Esta riqueza analítica tiene una contrapartida. Incluso de forma no intencionada, la cámara captura elementos de identificación visual. Incluso sin el reconocimiento facial activado explícitamente, una imagen de vídeo de una persona en un espacio público constituye un dato personal en el sentido de Reglamento general de protección de datos (GDPR). Esto implica obligaciones específicas: información a las personas, justificación de la base legal, períodos de retención limitados, nombramiento de un controlador de datos y, a menudo, una evaluación de impacto en materia de protección de datos (DIPD).
Un sensor de conteo térmico estereoscópico funciona según un principio radicalmente diferente. Detecta las variaciones en la radiación infrarroja emitida por los cuerpos humanos en su campo de detección, sin producir ninguna imagen. La tecnología estereoscópica permite distinguir los flujos direccionales (entrada/salida), separar a varios usuarios cercanos y, en las versiones más avanzadas, diferenciar las categorías de usuarios (peatones frente a ciclistas) según su firma térmica y su velocidad de movimiento.
El resultado: Recuento robusto, direccional y categorizado, sin que se capture ningún dato visual o biométrico. La persona detectada es solo una señal térmica anónima. Esta arquitectura garantiza el cumplimiento nativo del RGPD (Privacidad por diseño), sin la necesidad de implementar medidas de seudonimización, desenfoques algorítmicos o procesos para la eliminación periódica de imágenes.
Para las autoridades locales, esta característica es decisiva: la instalación de un sensor térmico no requiere una deliberación específica por parte del ayuntamiento sobre el procesamiento de datos personales, ni el registro en la CNIL para el procesamiento de datos sensibles.
La cuestión regulatoria es probablemente el factor más subestimado al comparar las soluciones de conteo. Desde la entrada en vigor del RGPD en 2018, y más aún desde las directrices de la CNIL sobre videovigilancia inteligente publicadas entre 2020 y 2023, las restricciones a los sistemas basados en cámaras han aumentado considerablemente.
En Francia, la instalación de un sistema de protección por vídeo en un espacio público está sujeta a autorización prefectural. Incluso cuando el sistema no tiene ningún propósito de seguridad sino solo fines analíticos, la captura de imágenes de personas identificables desencadena las obligaciones del RGPD. La CNIL también recordó que la anonimización debe ser irreversible para quedar fuera del ámbito de aplicación del reglamento, que excluye a posteriori la mayoría de los sistemas borrosos.
Más allá del marco legal, la aceptabilidad social de la videovigilancia en los espacios públicos se cuestiona cada vez más. En los parques naturales, en las vías verdes o en los centros de las ciudades, la presencia de cámaras genera regularmente reacciones negativas por parte de los usuarios y las asociaciones locales. Este riesgo para la reputación rara vez se integra en los cálculos del coste total de propiedad de una solución de cámara.
Los sensores térmicos que no generan imágenes evitan este problema por diseño. No están sujetos a ninguna obligación específica de protección de vídeo, no capturan imágenes ni procesan ningún dato personal. Su instalación en un espacio público o natural no genera ninguna restricción reglamentaria particular más allá de las normas de ubicación física ordinarias.
El precio de compra de un sistema de cámara puede parecer comparable, o incluso inferior, al de un sensor térmico independiente. Sin embargo, esta comparación no dura en el tiempo si se integran todos los elementos de coste.
Durante cinco años, la diferencia en el costo total de propiedad entre los dos enfoques puede ser significativa, especialmente para redes de múltiples puntos de medición.
Los espacios naturales, las vías verdes, los sitios de eventos temporales o las estaciones de montaña comparten una limitación común: la ausencia o la fragilidad del suministro eléctrico. En estos contextos, una solución de cámara permanente implica importantes obras de ingeniería civil o el uso de generadores, lo que aumenta considerablemente su costo y su impacto ambiental.
La reversibilidad es otro criterio que con frecuencia se pasa por alto. Un sensor térmico independiente puede trasladarse, reinstalarse en otro sitio, prestarse o reutilizarse para un evento. La instalación de una cámara con cable suele ser permanente, lo que limita la capacidad de adaptar el dispositivo de medición a los cambios en los usos o las prioridades de observación.
Por último, para las redes de medición que comprenden numerosos puntos (rutas ciclistas regionales, rutas de senderismo, zonas turísticas), la escalabilidad de una solución autónoma sin trabajo es una ventaja decisiva. Permite desplegar rápidamente varias docenas de sensores sin coordinación con los servicios de carreteras o los concesionarios de la red.
La precisión suele ser el argumento comercial de las soluciones de cámara. Es cierto que los sistemas de visión artificial más avanzados logran tasas de detección muy altas en condiciones controladas. Pero la precisión en condiciones reales, sobre el terreno, es otra cuestión.
El sensor térmico estereoscópico independiente es la solución preferida en las siguientes situaciones:
El debate entre cámara y sensor térmico no tiene una respuesta universal: depende del contexto de uso.
Para las autoridades locales, los administradores de áreas naturales y los organizadores de eventos que buscan medir los flujos en un fiable, anónimo y de rápida implementación, el sensor térmico estereoscópico autónomo ofrece una relación valor-esfuerzo significativamente mayor. Produce datos procesables sin los riesgos legales ni los costos de ingeniería civil.
La cámara, por su parte, es relevante en contextos en los que es necesario un análisis detallado del comportamiento, donde la seguridad es una prioridad o donde el sitio cuenta con una infraestructura eléctrica adaptada.
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